La inversión de la banca en la obra social
La
inversión del sector bancario en obra social cae un 64 %
La amplia reestructuración que
vivió el sector financiero en España a raíz de la crisis se llevó por delante a
las cajas de ahorro. Tras la publicación en la Ley 26/2013, la mayoría se transformaron en fundaciones de carácter
bancario u ordinario. Llegaba el fin de un modelo de negocio surgido hace
dos siglos cuyo objetivo era facilitar el acceso al crédito a las clases
sociales menos favorecidas.
Tal fue el calado de la
reestructuración que un tercio de los
españoles consideran que actualmente no hay ninguna caja de ahorros en España,
según una encuesta realizada por el comparador de cuentas sin comisiones HelpMyCash.com
en la que han participado 475 personas. Lo cierto es que desde 2010 el número
de cajas se ha visto drásticamente reducido, pero aún existen: hemos pasado de
tener 47 al cierre de ese año, según el registro de entidades del Banco de
España, a solo dos en la actualidad,
lo que equivale a la reestructuración de más del 99 % del sector en volumen de
activos medios. Caixa Ontinyent, sita
en la provincia de Valencia, y Colonya,
Caixa Pollença, con sede en las Islas Baleares, son las únicas que han
sobrevivido.
De las cajas de ahorro a las fundaciones bancarias
La normativa surgida al calor de la
crisis reguló las fundaciones bancarias, una figura clave en el proceso de
reestructuración de las cajas de ahorro, “cuya doble finalidad consiste en llevar a cabo la obra social que
anteriormente fue desarrollada por las cajas de ahorros y gestionar la
participación como accionistas en la entidad bancaria participada”, según señalan
Funcas y Ceca en un estudio publicado en 2013. Precisamente, la obra social era
la gran ventaja de las cajas, puesto que una parte importante de sus beneficios
se invertían en proyectos sociales, culturales,
de educación, de protección del medio ambiente, etc., señalan desde
HelpMyCash.com.
Pero la reestructuración no solo ha
transformado el mapa financiero de España, sino que ha reducido y mucho las inversiones en obra social de las casi
desaparecidas cajas de ahorro. En 2008 la inversión de las cajas fue de 2.059
millones de euros. Ocho años más tarde el importe reinvertido en la sociedad se
había reducido un 64 %.
El pasado año se invirtieron en la obra social 735 millones de euros,
de los cuales casi la mitad se destinó al área de acción social, concretamente
un 49 % (debido al contexto socioeconómico de los últimos años, las mayores
aportaciones se han hecho en esta área), seguida de cultura y patrimonio (19
%), educación e investigación (13 %), medio ambiente (8 %), desarrollo local y
creación de empleo (7 %), y deporte y ocio (4 %), según la memoria anual de
Ceca.
En total, en 2016 se llevaron a
cabo más de 100 mil actividades, de
las que disfrutaron unos 31 millones de usuarios. Las cifras dan cierto
vértigo, pero no tienen nada que ver con las que se manejaban en los años
previos a la reestructuración. Entre
2006 y 2010 se desarrollaron de media casi 175 mil actividades al año (en
2008 se superaron las 200 mil). En cuanto al número de beneficiarios, los 31
millones del pasado año se quedan muy lejos de los 162 millones de 2009 o de
los 141 de 2008.
¿De dónde proceden los ingresos?
A pesar de las distancias entre la
inversión actual en obra social y la inversión de hace casi una década, el
sector parece estar recuperándose desde 2014, con ligeros aumentos
interanuales.
Ahora que las fundaciones bancarias
se han convertido en entidades independientes, ¿cómo se financian? Un dato
positivo que plantea un futuro alentador para la supervivencia de la obra
social es que en 2016 los ingresos por
actividades propias supusieron el 40,89 % del total, un incremento
interanual del 13 %. La segunda fuente de financiación fueron los dividendos
(31,98 %), cuyo peso se ha reducido un 2 %. Por detrás se situaron el uso del
remanente de años anteriores (15,81 %), las ayudas privadas, patrocinios y
contratos (8,07 %) y las subvenciones y ayudas públicas (3,25 %).
Las dos cajas de ahorro que se
conservan controlaban al cierre de 2016 un volumen de activos de 1.329 millones de euros en el caso de Caixa Ontinyent y de 522
en el caso de Caixa Pollença. Un peso muy relativo si lo comparamos con el
volumen de activos de, por ejemplo, CaixaBank (306 mil millones de euros),
Bankia (191 mil millones), Ibercaja (50 mil millones) o Kutxabank (46 mil
millones).